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No se como arrancar para contarles mis sensaciones
vividas el día de ayer.
Hace ya muchos años que cada domingo que Centralito juega
de visitante
emprendo viaje rumbo a donde sea para alentarlo.
En auto, en el crazy o donde se pueda. La semana previa a
cada
partido es una odisea conseguir un lugar para viajar pero
nunca
nos quedamos sin ir.
Este torneo arrancó de manera extraña, desde un principio
supe que
viajaría a la Bosta pero también es cierto que era todo
un desafío
subirme a donde sea y volver a las pistas.
Después de idas y vueltas decidí que viajaba con una
amigo que iba
solo en su auto así que reserve mi lugar para ir con el.
El domingo bien tempranito con todo el sueño encima, me
paso a buscar.
Cuando salí de mi casa y ví el auto, me detuve un ratito,
respire profundo
y me subí. Charlamos de mil cosas, pero en ningún momento
le comente
esa extraña sensación que invadía mi corazón y lo que
sentía al subirme
nuevamente para viajar a Bs. As.
En un momento, a mediados del viaje mas o menos, saqué de
mi bolso
un rosario que me trajeron de recuerdo dos grandes amigos
y lo
colgué del espejito retrovisor del auto, acto seguido lo
descolgué y lo
enrollé en mi mano y ahí se quedó.
Todo fue de manera totalmente inconsciente. Minutos mas
tarde de haberlo
hecho, sentí algo extraño, me sentí como que todo a mi
alrededor se paralizó,
como si me hubiese quedado sola en el medio de la nada,
cuando me dí
cuenta preste un poco de atención a mi entorno y estaba
pasando por ahí,
por el mismo lugar donde hace unos meses, para ser mas
exacta donde
el 4 de noviembre Centralito perdió a uno de sus mas
valiosos hinchas,
de esos hinchas de verdad que harían cualquier cosa por
Central
y con buena fe. Tuve la suerte y la desgracia de haber
estado ahí en ese
momento.
Suerte porque pude vivir el viaje con toda la alegría que
él tenía,
con toda esa felicidad que irradiaba cada vez que se lo
veía,
con todo esa buena voluntad con la que se levantó esa
mañana para
esperar a los viajeros del Crazy con una buena
choripaneada en la plaza,
la suerte de poder estar ahí para poder darles un abrazo
fuerte de
compañía a sus más amigos. Y la mala suerte porque fue un
momento
que me gustaría olvidar y que nunca voy a poder hacerlo,
un momento
muy crudo que me marcó bastante, un día muy triste que no
voy a
borrar jamás de mi mente, un conjunto de sensaciones de
dolor que son
difícil de explicar. Pero también el estar ahí me dejó
totalmente segura que
todo sucedió con toda la misma felicidad con la que ese
día se levantó,
que los sufrimientos fueron para nosotros y no para él,
me quedé tranquila
que tuvo un final feliz como se lo merecía.
La verdad sentí el viaje de ayer como un desafío, ya que
fue la primera vez
que viajo desde el accidente y desde esa fecha siento un
vacío gigante como
el de arroyito, me tocó muy de cerca mas allá de que sólo
lo conocía de algún
viaje o alguna fiesta canalla, no éramos amigos pero
transmitía algo que
no es fácil de explicar. Además estas cosas te hacen
pensar y reflexionar,
más aún cuando es alguien allegado y amigo de mis amigos
que son los
que se quedaron para continuar con la misma fuerza y
energía que lo hacían.
Se que es difícil pero lo mejor es recordarlo con el
mejor de los recuerdos
y seguir adelante como el lo quiere.
Oreja siempre presente!!
Melina Lazzarini
Socio 03061623 |