Titulo : Lo que se dice de un ídolo
Tiempo Aprox de Lectura : 12 min.
Síntesis : " un cuento mas de nuestro querido Roberto
Fontanarrosa. Un cuento
genial y entretenido como nos tiene
acostumbrado el Negro. En este caso el tema es
El Idolo, algo que la gente fria del laguito
solo tiene prestado, de carton o puede
ser que tenga alguno real como Pablito Ruiz
.."
Pedrito se apioló tarde de cómo venía
la mano. Porque él podía haber sido un ídolo,
un ídolo popular, desde mucho tiempo antes.
Lo que pasa que el Pedro, vos viste cómo es, un tipo que se pasa
de correcto, de buen tipo.
Decime vos, ocho años jugando en primera y no lo habían expulsado
nunca. ¡Nunca,
mi viejo nunca! Ni una expulsión ni una
tarjeta amarilla aunque sea. Y mirá que liga, eh. Porque siempre
fue para adelante y lo estrolaban que daba gusto. Muy respetado
por los rivales, por el referí, por todos, pero le pegaban cada
guadañazo que ni te cuento. y sin embargo, nunca reaccionó. mirá
que más de una vez se podía haber levantado y haberle puesto un
castañazo al que le había hecho el ful, o a la vuelta siguiente
encajarle un codazo, pero él... nada che.Un duque el Pedro. Claro,
¿cómo
no lo iban a querer? Los contrarios, los
compañeros, todos. Pero... ¿querés que te diga? No sé si era
cariño, cariño. por ahí era respeto, más que nada. Respeto.
¿viste?
Porque mirá que yo lo conozco al Pedro y te
digo que no es un tipo demasiado fácil para acercarse, para
hablar, para... ¿cómo te digo?... para que se te franquee. ¿Viste?
No es un tipo que va a venir y sin que vos le preguntés nada te va
a contar de algún balurdo que tiene, algún fato afectivo... no, no
es de esos. Es un tipo más bien reconcentrado que, a veces, para
que te cuente qué le pasa, la puta, se lo tenés que preguntar mil
veces, y eso que a mí me conoce mucho.
Incluso yo a veces le decía: “No dejés que te peguen” porque me
daba bronca ver cómo la ligaba y se quedaba muzarella. “No dejes
que te peguen, Pedro” le decía. “Poneles una quema, meteles una
buena plancha, a ver si así te van a entrar tan fuerte”.
Y me decía que no, que es muy jodido pegar siempre siendo
delantero. Sí, andá a decirle al Pepe Sasía eso, andá a decirle al
cordobés Willington que no se puede pegar siendo delantero. O al
negro Pelé, sin ir más lejos, que tiene el record de tipos
quebrados. Andá a decirle al Pepe Sasía que a los delanteros les
es más difícil pegar.
El Pepe te metía cada hostiazo que te
arrancaba la sabiola. Le bajaba cada plancha a los fulbá que te la
voglio dire. Pero al Pedro qué le iba a pedir eso. Si ni cuando se
armaban esos bolonquis de todos contra todos o esos entreveros con
el referí en el medio, que son ¿sabe qué? pa repartir tupido, son
una uva, él se quedaba a un costado, con los bracitos en la
cintura, ni se acercaba. Y en esos entreveros no hay peligro ni de
que te echen, ahí te meten esos puntines en los tobillos, o te
tiran del pelo, te meten los dedos en los ojos o te african un
cabezazo y vale todo. Nadie vio nada. Que siga la joda. Y no era
que el Pedro no se metiera de cagón, ¿eh?
Porque eso sí, de cagón nunca tuvo un carajo.
Un tipo que se mete en el área como
se mete el Pedro, oíme, a un tipo de esos ni
en pedo lo podés catalogar de cagón.
Pedro no se calentaba. Tenía eso. No se calentaba. No era un tipo
que se podía calentar. Lo fajaban y se quedaba en el molde. Y la
hinchada lo quería, sí, pero nada más. Cuando salía de los
vestuarios, después del partido, las palmaditas, “Bien Pedro”,
“Buena Pedrito”. pero ahí nomás. A veces algún cantito. O no lo
puteaban demasiado cuando perdían. El Pedro siempre normal, en
siete puntos, seis puntos, como diría el Flaco.
¿Sabés cuál era la cagada del Pedro? Yo lo estuve pensando. Era
muy lógico. Mirá vos, era muy lógico. Nunca decía algo fuera de la
lógica. Todo era, digamos, criterioso. Pensando. Lógico, todo era
lógico. Me acuerdo que íbamos a jugar contra Boca, en Buenos
Aires, y le preguntan qué pensaba del partido. Y él contesta que
lo más probable era que perdiéramos. Que con un empate estábamos
hechos. ¡Por supuesto que lo más probable cuando salís de
visitante es que te hagan el hoyo, y no en cancha de Boca, en
cualquiera.
Pero, viejo, qué sé yo, agrandate, decí: “les vamos a romper el
culo”, “les vamos a hacer tricota”, qué sé yo. No te digo siempre,
pero alguna vez, andá en ganador. No,
el Pedro siempre con la justa: “La verdad
que nos van a ganar”. “Si sacamos un empate estamos hechos”. “La
lógica es que nos rompan el orto”.
Claro, desde un punto de vista razonable, todo lo que él decñaraba
era cierto. No se le podía discutir. O cuando se perdía. Era lo
mismo que cuando lo fajaban. Siempre estaba de acuerdo con el
resultado. “Nos ganaron bien”, “jugando así nosotros, era lógico
que nos ganaran”, “nos tendrían que haber hecho más goles”. Nunca
se enojaba. Era como cuando lo fajaban los defensores. Se la
bancaba siempre. Nunca ibas a leer declaraciones de que les habían
afanado el partido, que los habían cagado a patadas, que les
habían cagado a patadas, que les habrían cobrado un gol en
offside. Nunca. ¡Te imaginás! Fue premio a la caballerosidad
deportiva como mil veces.
Y cuando se armó la primera vez este fato con la mina ésa,
también. Porque tampoco el Pedro era un tipo que le podías buscar
una fulería en su vida privada.
Padres macanudos, ningún problema con los viejos, y la Isabel, la
noviecita de toda la vida. Y pará de contar. Ni jodas, ni
calavereadas, ni un chancletazo por ahí. Nada. Fue cuando le
inventaron el fato ese con la Mirna Clay, la cabaretera esa. ¡Mirá
vos! Justamente a Pedro venirle a inventar que se encamaba con esa
mina. Al Pedro, que la Isabelita lo tenía más marcado que los
fulbás contrarios. Y además, ni falta hacía marcarlo, porque para
eso era un nabo. Pero vos viste que hay periodistas que ya no
saben qué carajo inventar y armaron todo el verso ese de que el
Pedro andaba con la Mirna Clay. ¡El quilombo que se armó! ¡Para
qué! El Pedro, ahí sí, fue a la revista, chilló, tiró la bronca y
los ñatos de la revista pegaron marcha atrás y desmintieron todo.
Que habían sido rumores, que eran todas mulas, en fin. La cosa que
el Pedro se quedó tranquilo. Y fijate que ahí yo estuve a ponto
pero a punto de decirle algo, pero me callé la boca.
Dijo: “callate Negro, que por ahí la embarrás” y me callé bien la
boca. Yo los conozco mucho a los viejos, a la Isabelita, ¿sabés? y
preferí quedarme en el molde.
Pero mirá vos, para el tiempo, y esta otra revista empieza con la
misma milonga. Con otra mina pero con la misma milonga. Ahora con
la loca ésta, la Ivonne Babette, pero con el mismo verso. Que los
habían visto juntos, que parecía que el Pedrito se la movía, que
qué sé yo. Para colmo la mina ésta que debe ser más rápida... una
luz la mina... agarró el bochín y empezó con que estaban
perdidamente enamorados, que Pedro era el único amor de su vida,
en fin. Se ve que armaron el estofado a partir de esa foto que
salió cuando el equipo tenía que viajar a Perú y les sacaron una
foto en el aeropuerto cuando justo estaba la reventada ésta que
también viajaba en el mismo avión.
Para colmo la mina sale al lado de Pedro. Eran como mil en la
delegación pero dio la puta casualidad que esta mina sale junto al
Pedro. Y se ve que ahí armaron el estofado. Qua a la mina le viene
macanudo, mirá qué novedad.
Y ahí sí, lo agarré al Pedro y le dije: “Pedrito, no hagás
declaraciones. No digás ni desmientas nada. Quedate chanta, haceme
caso”. Lo corrí un poco con el verso de que él no podía prestarse
a ese escándalo, que él tenía que mantenerse por sobre toda esa
suciedad, que no tenía que prestarse siquiera a hablar del asunto.
Que ya bastante se había ensuciado antes con el balurdo anterior
con la Mirna Clay. Y el Pedro me hizo caso. Lo llamaban de los
diarios y él decía que no iba a hablar del asunto. Que no
insistieran. Y los periodistas, que son lerdos también, se
agarraron de eso que “el que calla otorga”. Y dieron el caso como
comprobado. Hasta diarios más serios hablaron del caso del Pedro
con esta mina. Y la mina ¡para qué te cuento! inventó cualquier
boludez para darle manija al asunto. Cuando el Pedro quiso parar
la cosa, ya era demasiado grande y tuvo que quedarse en el molde.
Eso habrá durado un par de semanas. La Isabelita se enojó con el
Pedro y casi lo manda a la mierda, los diarios dijeron que esa
pelota confirmaba el enganche del Pedro con la Babette ésta, en
fin, un quilombo impresionante.
Al domingo siguiente, tenían que jugar en buenos Aires un partido
chivo contra Vélez.
Y al Pedro lo marca Carpani, un hijo de mil
putas que le pega hasta a la madre y este Carpani lo empieza a
cargar. Le decía: “¡Qué mierda te vas a voltear vos a esa mina,
si vos en tu vida te volteaste ninguna!”,
“ya que sos tan macho animate a entrar al área que te voy a romper
la gamba en cuatro pedazos”, esas cosas. Y le tocaba el culo. Al
final el Pedro, mirá como estaría, le pegó semejante roscazo que
le arruinó la jeta. Le puso una quema en medio de la trucha que lo
sentó de culo en el punto del penal. ¡Te imaginás lo que fue eso!
Que al terrible Carpani, el choma que se comía los pibes crudos,
el patrón del área, le pusieran semejante hostia en la propia
cancha de Vélez, en el Fortín de Villa Luro. Lo tuvieron que sacar
en camilla porque quedó boludo como media hora. Y a Pedro, más
bien, tarjeta roja y a los vestuarios. Por primera vez en la vida.
pero después me contaba, los de Vélez lo miraban pasar para las
duchas y no decían nada, lo miraban nomás. Hasta hubo uno que le
dio la mano.
Le dieron pocos partidos. Y volvió en cancha nuestra, contra la
lepra. Y ahí se confirmó mi teoría. Era un mundo de gente. Muchos
habían ido por el partido, pero muchos habían ido para verlo al
Pedro. ¡Y cuando entró... se venía abajo la tribuna, mi viejo!
“Y coja, y coja, y coja Pedro, coja”
cantaban los negros. Era una locura. “Y pegue, y pegue, y pegue
Pedro pegue”. Como será que hasta el Pedro se emocioná y se apartó
y se apartó de los muchachos para saludar a la hinchada con los
dos brazos en alto. Una locura. Ahí empezó a ser ídolo. Ahí
empezó. Aunque no me lo reconozca porque nunca volvió a darme
demasiada perfecto, viejo. Si no tenés ninguna fulería, si no te
han cazado en ningún renuncio... ¿Cómo mierda la gente se va a
sentir identificada
con vos? ¿Qué tenés en común con los monos
de la tribuna? No, mi viejo.
Decí que el Pedrito se apioló tarde de cómo
viene la mano..