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Literatura Guerrera.
11-04 -08
Titulo : Los Últimos Salileros por El Negro
Fontanarrosa
Tiempo Aprox de Lectura : 4 min.
Síntesis : " Porteños cagones..así salen campeones."
Nos persiguieron, señor, nos
persiguieron. Mismamente que animales, no que cristianos. Nos
echaron de todas partes, señor, nos quitaron todo. Usted nos ve
ahora así, débiles y desparramados, señor,
pero los salileros supimos ser fuertes.
Claro, no estábamos aquí, estábamos en otra parte, lejos de aquí.
Y era un gusto vernos en los domingos de fiesta, señor, cuando
había partido. ¡Así de gente los carros y los camiones llenos de
salileros hacia la cancha! Con estos colores, señor, los que usted
ve en la vincha. Y la cancha, señor. No sé si había alguna mejor
en todo el país, vea lo que le digo, no sé si había alguna mejor.
Y venían Boca y River y también San Lorenzo y se iban humillados,
señor. Los grandes decían que eran, señor, los grandes, pero de
ahí se iban con la cola entre las piernas. Y era una fiesta eso,
señor.
Ahora nadie se acuerda de los salileros nadie se acuerda de cuando
éramos fuertes
y llenábamos de banderas y trapos las
canchas. Nadie se acuerda, señor. Ni saben por qué nos llamamos 'salileros',
señor, ni eso recuerdan las gentes. Venían River o Boca
o San Lorenzo con esos equipos bárbaros y
cuando se venían al ataque todos nosotros gritábamos ' ¡salíle! ¡salíle!'
a los nuestros, para que les hicieran cara, señor. Por eso nos
decían los 'salileros'.
Ellos se venían con esas estrellas famosas que salían en las
figuritas y en las tapas
de 'El Gráfico', señor, una vez por año
venían, y ahí, en nuestra cancha se hacían pequeñitos, así
quedaban los pobrecitos cuando nos veían a nosotros en las
tribunas repletas, que cuando me acuerdo me vienen lágrimas a los
ojos señor.
Y siempre la justicia en contra. Siempre la justicia en contra.
Como no podan con nosotros los porteños, nos ponían los jueces en
contra. Nosotros éramos buenos, señor, buenazos. Gritábamos nomás,
a grito pelado, para alentar a los nuestros. Alguna piedra de vez
en cuando, también, cuando ya veamos que la injusticia era
muy grande o los contrarios muy superiores.
Esa es la verdad, señor. A nadie le
gusta verse humillado en su propio campo.
Pero nada más que eso. Y empezaron a perseguirnos, señor. Siempre
los jueces en contra, nos penalizaban, señor.
Nos echaban jugadores por pavadas, señor. Y
los linieres, señor, cierro los ojos y veo todavía esas banderas
amarillas o solferinas levantadas, señor, porque alguno de los
nuestros había invadido terreno prohibido. ¡Terreno prohibido,
señor, si la cancha era nuestra! La habíamos ido levantando
nosotros mismos, con esfuerzo señor. Con sacrificio. Era nuestro
orgullo. Siempre los porteños persiguiéndonos. Es cierto que
degollamos a Candelo, señor. ¡Pero ellos habían quebrado a
Solibarrieta! Candelo, el juez Candelo Permítame que escupa señor.
Y al domingo siguiente tuvimos que ir a jugar a otra cancha porque
nos habían suspendido la nuestra. Por ahí cerca, pero en otra
cancha. Y también hubo lo porque los salileros ya estábamos
enojados, señor, muy enojados. Nosotros somos buenos, pero la
injusticia era mucha. Los porteños nos perseguían, señor, como a
animales. Nos provocaban para que nosotros más nos enojamos señor
y más nos castigaran. Al Junín tuvimos que ir a jugar después
señor. Daba pena, le juro, ver esa caravana de hombres, ancianos,
mujeres y niños, en carros y camiones, yendo hacia el Junín para
seguir los colores de nuestro equipo señor, los mismos que usted
ve en esa vincha, señor. Con un frío terrible y la lluvia. Con los
abuelos, con enfermos, con los perros. Le pegamos a un linier en
Junín, señor, un infame, y de ahí también nos echaron, también de
ahí. ¿Adónde íbamos a ir a jugar, señor, adónde íbamos a ir?
Cada vez ramos menos, castigados por la policía, por las cárceles,
los salileros cada vez ramos menos. Los más viejos se fueron
quedando en el camino, por esos caminos, cansados de seguir la
divisa. Y perdimos la divisional, señor, la perdimos, nos fuimos
a la 'B', que no es deshonra, señor, pero no
es lo mismo. Los tiempos de gloria se habían alejado de nosotros
señor, nos habían dejado de lado.
Y siempre la justicia en contra señor. Siempre en contra. Nos
castigaban por cualquier cosa, por pavadas señor, por tonteras. De
la 'B' también bajamos, señor.
Ya ni cancha teníamos para jugar, nada era nuestro. Algunos de los
muchachos jugaban descalzos, señor, tan, pobres éramos. Y casi
nadie para alentar, sólo un grupito, chico. Las otras hinchadas se
aprovechaban, señor, y nos pegaban, nos corrían, nos humillaban. A
nosotros a los salileros, que habíamos sido fuertes y poderosos y
que cuando gritábamos todos juntos no dejábamos que se escuchara
ningún otro canto, señor. No nos perdonaban el haber sido fuertes,
señor.
A la 'C' nos fuimos señor, pero ya no
teníamos más ganas de pelear, ni jugadores, ni cancha, y ramos un
puñadito los que alentaban, señor. Cada vez más lejos de nuestras
tierras, cada vez menos parecidos a nosotros mismos. Si hasta el
color de las camisetas se había borrado con el tiempo, señor, con
las lavadas, con el tierras de los potreros inmundos donde
teníamos que ir a jugar, señor, nosotros, que habíamos sabido del
césped verde y el olor del césped verde recién cortado, señor.
Y aquí estamos, señor, para que cada tanto venga alguien como
usted para investigamos como a animales raros. Los últimos que
quedamos, señor. Los últimos salileros. Los porteños nos
persiguieron mucho, señor. Muy mucho nos persiguieron.
Si hasta los domingos nos quitaron, señor.
Hasta los domingos.
misticacanalla.com
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