Aldo, he descubierto que te amo.
Aldo Pedro ceso de untarse sus melancolicos bigotes con balsamo y
miro a lo lejos, como pensando.
- Ahora todos me quieren - musito ausente mientras sorbia un
sobrio trago de aceite verde.
- No, no - insistio aquella voluptuosa mujer - yo siempre te he
querido, siempre.
Aldo Pedro echo hacia atras la pluma que ornaba su sombrero de ala
ancha y sacudio se melena de novio en el recuerdo. Rememoraba, tal
vez, los insultos rememoraba, quizas, las amenazas, las ofensas.
- No es cierto - silabio nuevamente.
- Siempre, siempre - porfio la mujer, retorciendo con
desesperacion su ceñida blusa azul y oro - ; yo nunca te proteste,
ni te odie, ni pedi a dios que te agarre cancer, ni pedi a los
rivales que te quebraran en cuatro, ni prometi no volver a la
cancha hasta que te echaran a patadas del club, ni me amargue
porque no te hiciste mierda con el auto en el bulevar Rondo ...
Aldo Pedro entrecerro sus pequeños ojos tornasolados, avezados en
la busqueda del intersticio esquivo, baqueanos en medir la
distancia milimetrica del pase a Ramoncito, aguzador en la
pesquisa constantes de localizar espacios vacios, o bien en
detectar
al Chango Gramajo, habilmente oculto tras sus marcadores.
- Mentira vos me odiabas, me odiabas como todos ...
- No, no ... te juro ... nadie te odiaba, eran unos pocos
apatridas, eran infiltrados
en la hinchada, todos te quisimos siempre, te ammos siempre ...
Aldo Pedro acomodo su capa, su espada cantora y parecio escuchar.
De lejos llegaba un coro celestial de querubienes entonando el
Opus 9, tocatta y fuga "Gol del Aldo". Recordaba, quizas, aquel
remoto equipo de tercera, el de pignani, el de Palma,
y tantos otros que habian sido devorados por el tunel del tiempo,
o de los vestuarios.
- Mentira ... todos me odiaban ...
- No me digas eso, Aldo.
La mujer entrelazo sus dedos expertos en lanzar confetti, globos,
preservativos
inflados y rompeportones , en los revueltos cabellos de aldo.
Sobre aquella cabeza legendaria, sobre ese endemoniado rulo
izquierdo que volara un dia, certero y cruel como un agila
vengadora, hacia una pelota rauda, coqueta, ese endemoniado
parietal izquierdo que golpeara el futbol disparado desde la
derecha y lo pusiera lejos, inesperado y seco, de la mano inmovil
de Fenoy, del griterio canalla del monumental.
- Es que has recorridoun largo camino muchacho - aventuro aquella
mujer - ; has cambiado mucho, ahora juegas para todos, corres, te
prodigas ...
Aldo Pedro meneo apenas la cabeza. Recordaba, quizas, cuando don
Miguel lo mandaba al muere, a buscar contra los laterales los
pelotazos de los volantes, a dominar la pelota de alto, de
espaldas al arco, con los dos marcadores centrales
que le reventaban los riñones a rodillasos, que lo amasijaban
contra la raya, cuando debia evitar el anticipo, dominar el futbol
y esperar que Gennoni no se estrellara
contra un palo picando en diagonal hacia el centro, o el Oreja no
le pidiera la pelota entre una manifestacion de defensores, cuando
despues de todo eso, hecha la pausa que refresca, metido el toque
justo, debia salir picando hacia el arco, hacia el gol, porque el
era el numero nueve, porque llevaba el numero nueve en la espalda
como una condena y los numero nueve deben estar ahi, adelante
carajo, que asi jugaban Cagnotti, Potro, Guzman, y no como este
malnacido de Poy, que ojala le de un sincope en el medio de la
cancha; cuando lo odiaban ...
- Mentira ... - el ultimo romantico se ajusto con morosa lentitud
el suspensor -.
Yo se que ahora vendran cara extrañas. Yo siempre me brinde, nunca
pudieron decir de mi, como de otros talentosos, que jugaban cuando
querian, ni que era cagon, ni
que no queria a la camiseta; sin embargo me odiaban, salvo un
pequeño grupo al que miraban como descatados, como leprosos ... no
... como leproso no, como apestados.
- No es cierto, no es cierto - la mujer sollozaba doblada sobre el
bombo - , eres
amado, eres el gran idolo viviente de Rosario, eres hermoso, no
moriras nunca, y cuando mueras, en los partidos contral Ñul te
sacaremos como al Cid, embalsamado, con azul y oro, para que
tiemblen las huestes del parque ...
Aldo Pedro volvio a mirar hacia el horizonte, aparto con
deliberado cariño a mujer y sonrio apenas. El vaiven de su melena
en los hombros eran las palmadas de un viejo amigo. Miro hacia
ambos lados, como esperando el anticipo, y finalmente pico raudo.
El centro podia llegar en cualquier momento.