Literatura Guerrera. 07-12 -07

 

 

Aldo, he descubierto que te amo.
Aldo Pedro ceso de untarse sus melancolicos bigotes con balsamo y miro a lo lejos, como pensando.


- Ahora todos me quieren - musito ausente mientras sorbia un sobrio trago de aceite verde.


- No, no - insistio aquella voluptuosa mujer - yo siempre te he querido, siempre.

Aldo Pedro echo hacia atras la pluma que ornaba su sombrero de ala ancha y sacudio se melena de novio en el recuerdo. Rememoraba, tal vez, los insultos rememoraba, quizas, las amenazas, las ofensas.


- No es cierto - silabio nuevamente.


- Siempre, siempre - porfio la mujer, retorciendo con desesperacion su ceñida blusa azul y oro - ; yo nunca te proteste, ni te odie, ni pedi a dios que te agarre cancer, ni pedi a los rivales que te quebraran en cuatro, ni prometi no volver a la cancha hasta que te echaran a patadas del club, ni me amargue porque no te hiciste mierda con el auto en el bulevar Rondo ...


Aldo Pedro entrecerro sus pequeños ojos tornasolados, avezados en la busqueda del intersticio esquivo, baqueanos en medir la distancia milimetrica del pase a Ramoncito, aguzador en la pesquisa constantes de localizar espacios vacios, o bien en detectar

al Chango Gramajo, habilmente oculto tras sus marcadores.


- Mentira vos me odiabas, me odiabas como todos ...


- No, no ... te juro ... nadie te odiaba, eran unos pocos apatridas, eran infiltrados

en la hinchada, todos te quisimos siempre, te ammos siempre ...
Aldo Pedro acomodo su capa, su espada cantora y parecio escuchar. De lejos llegaba un coro celestial de querubienes entonando el Opus 9, tocatta y fuga "Gol del Aldo". Recordaba, quizas, aquel remoto equipo de tercera, el de pignani, el de Palma,

y tantos otros que habian sido devorados por el tunel del tiempo, o de los vestuarios.
- Mentira ... todos me odiaban ...


- No me digas eso, Aldo.


La mujer entrelazo sus dedos expertos en lanzar confetti, globos, preservativos

inflados y rompeportones , en los revueltos cabellos de aldo. Sobre aquella cabeza legendaria, sobre ese endemoniado rulo izquierdo que volara un dia, certero y cruel como un agila vengadora, hacia una pelota rauda, coqueta, ese endemoniado parietal izquierdo que golpeara el futbol disparado desde la derecha y lo pusiera lejos, inesperado y seco, de la mano inmovil de Fenoy, del griterio canalla del monumental.
- Es que has recorridoun largo camino muchacho - aventuro aquella mujer - ; has cambiado mucho, ahora juegas para todos, corres, te prodigas ...


Aldo Pedro meneo apenas la cabeza. Recordaba, quizas, cuando don Miguel lo mandaba al muere, a buscar contra los laterales los pelotazos de los volantes, a dominar la pelota de alto, de espaldas al arco, con los dos marcadores centrales

que le reventaban los riñones a rodillasos, que lo amasijaban contra la raya, cuando debia evitar el anticipo, dominar el futbol y esperar que Gennoni no se estrellara

contra un palo picando en diagonal hacia el centro, o el Oreja no le pidiera la pelota entre una manifestacion de defensores, cuando despues de todo eso, hecha la pausa que refresca, metido el toque justo, debia salir picando hacia el arco, hacia el gol, porque el era el numero nueve, porque llevaba el numero nueve en la espalda como una condena y los numero nueve deben estar ahi, adelante carajo, que asi jugaban Cagnotti, Potro, Guzman, y no como este malnacido de Poy, que ojala le de un sincope en el medio de la cancha; cuando lo odiaban ...


- Mentira ... - el ultimo romantico se ajusto con morosa lentitud el suspensor -.

Yo se que ahora vendran cara extrañas. Yo siempre me brinde, nunca pudieron decir de mi, como de otros talentosos, que jugaban cuando querian, ni que era cagon, ni

que no queria a la camiseta; sin embargo me odiaban, salvo un pequeño grupo al que miraban como descatados, como leprosos ... no ... como leproso no, como apestados.
- No es cierto, no es cierto - la mujer sollozaba doblada sobre el bombo - , eres

amado, eres el gran idolo viviente de Rosario, eres hermoso, no moriras nunca, y cuando mueras, en los partidos contral Ñul te sacaremos como al Cid, embalsamado, con azul y oro, para que tiemblen las huestes del parque ...


Aldo Pedro volvio a mirar hacia el horizonte, aparto con deliberado cariño a mujer y sonrio apenas. El vaiven de su melena en los hombros eran las palmadas de un viejo amigo. Miro hacia ambos lados, como esperando el anticipo, y finalmente pico raudo.

El centro podia llegar en cualquier momento.
 

 

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